jueves, 31 de diciembre de 2009

Adiós 2009

El 31 de diciembre siempre encuentro un momento para repasar aquellas historias únicas del año. Es como si conscientemente recorriera el famoso túnel de la muerte pero sólo apto para recuerdos contemporáneos. Un pensamiento efímero que pasará tan rápido como las campanadas con sus 12 uvas. Una especie de calendario personal al que sólo le quedan las mejores fechas.

· ENERO: Vivir otra vez la sensación del primer beso.

FEBRERO: Mi primer monólogo. Nonita, besos mil.

MARZO: Una despedida que supo a gloria. Mil gracias a todos los que estuvisteis, por estar ese y los 364 días restantes.

Comienza la aventura.

ABRIL: Parar un ventilador con la cabeza sin darme ni cuenta. No prometo que sea la última vez, ya sabéis que mi cabeza tiende a atraer objetos.

Fiesta en el Waterjungle. Si no es por el cielo juraría que fue en Ibiza. De blanco, descalza y bailándome la noche a pie de playa.

MAYO: Y la tierra tembló. Frase para la posteridad: Tenemos que abrir la ventana para que pase el terremoto. Si no llega a ser por el Captain las tres bellas damiselas aún estamos zozobrando en el suelo. Eso sí, sin soltar la copa que eso es lo último que se pierde.

Salir huyendo de un afterhour en Roatán sacando la cabeza por la ventanilla de un taxi mientras no paraba de repetir Respira y disfruta. La noche más cara de Marta y una inolvidable con Ele.

· JUNIO: Las estrellas a mis pies. Siete, seis negras y la blanca de la familia … Regalo de Ariel y pedazo de cumpleaños. Yo sobreviví a la fiesta de la gafas. Mil gracias a los presentes y a los “organizadores”.

Nueva York, la tierra prometida de Eva Mendes. El primer mordisco a la Gran Manzana, y no será el último.

Ibiza - Un atardecer inédito en Atlantis, con Mike Oldfield como invitado especial.

JULIO Las bicimotos con Helen. Una manera inolvidable de conocer Formentera.

AGOSTO Vuelta al hogar. El reencuentro con la familia y los amigos. Comienza el nuevo curso.

SEPTIEMBRE Haciendo allanamiento de la sensibilidad de las personas humanas. Reencuentro con Carmina y nuevos amigos.

OCTUBRE ¡Qué noche la de aquel Garamond! o de cómo tener respeto a tus compañeros de trabajo. La primera vez que servidora se duerme y su jefa tiene que despertarla para ir a trabajar.

NOVIEMBRE Casa rural con los compañeros. Enorme Ali, y GRANDES todos los que estuvisteis allí.

DICIEMBRE Concierto de Los Secretos. Un repaso a los primeros años de la adolescencia en formato musical.

Vetada en un bar del barrio por liarla parda la noche de Navidad.

Sí, de acuerdo que este 2009 no lo termino con el expediente limpio pero que me quiten lo bailaó.

Feliz 2010 y ojala lo llenemos de experiencias únicas.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Pinzamiento 4 - El día del ...

Un colectivo de disléxicos españoles proponen que el 8 de noviembre se celebre su día. Y no me parece mal. Si hay día internacional del celiaco, otro del transplantado ¿por qué no debería haber uno de las personas que no se aclaran con algunas letras?. Pero claro, si cada español propusiera una jornada dedicada a algo, este país no ganaría para fiestas.

Así tendríamos el día del daltónico, del que tiene alguna muela picada, y del que se le enquistó un grano en el culo. También podríamos celebrar el día de los que se rompieron la tibia y el peroné a la vez, el de los que tienen el ombligo hacía fuera, y hasta el de los suicidas fallidos. Festejaríamos la jornada de los que vencieron estoicamente un cólico nefrítico, de los Lázaros que tiraron las muletas antes de tiempo y hasta de los van religiosamente a urgencias una vez al mes. Y de ahí pasaríamos al día de los que tienen algún tatuaje decolorado, a los que se les infectó un piercing y hasta del “yo también tuve un orzuelo del tamaño de un garbanzo”.

Los que se cortaron más de una vez en el mismo afeitado, las que se quemaron con la cera las ingles y hasta de “las resaca ahora me dura tres días”.

La jornada en honor al corte profundo, la de la sonda gástrica y la del paticorto. El día del diagnóstico favorable, de la amigdalitis y de la tensión baja.

Tendríamos la fiesta de la apendicitis aguda que no llega a peritonitis, la del pinzamiento de la quinta vértebra y la del juanete doloroso que roza con el calzado.

Celebraríamos el día de los que se les rompió el preservativo, el de “mi novio me pegó la mononucleosis” y el de “yo también me estoy hormonando”.

Y al final esto sería como en el Facebook, que para celebrarlo sólo habría que hacerse fan.

Rbk y otras 5 personas se han unido al grupo “Quiero que haya un día del raro, pero del raro de cojones”, “Yo también pasé el sarampión con mis primos” y ”Me he dado más golpes en la cabeza que un musulmán” .


sábado, 5 de diciembre de 2009

Cuento 2 - Lo que más desea

Cuando aquel domingo descubrí a Miguel paseando por la Plaza Mayor de la mano de esa chica, creí morir. Pero aún me faltaba la puntilla.

No tardó mucho en reconocer su infidelidad de meses, y estaba claro que había tomado una decisión respecto a mi. Yo no le agobié a preguntas, dejé que me lo contara, y precisamente porque me lo confesó, supe que nuestra relación había terminado.

Ahora, soy incapaz de recordar detalles tan fundamentales cómo el día que le conocí y sin embargo, reconocería la cara de esa mujer entre cien mil rostros femeninos. Aún conservo intacta su ropa, aquel abrigo sobre el que Miguel pasaba su brazo izquierdo, las gafas de sol grandes, sus pendientes, y hasta el color de su lápiz de labios. Aquella fisonomía quedó grabada en mi cabeza como la información de más alto secreto almacenada.

He creído verla en multitud de ocasiones, sobre todo al principio de terminar con Miguel. Era la cajera del supermercado, la controladora de la ORA y parecía como si todas las mujeres de esta ciudad, se hubieran puesto de acuerdo para seguir sus tendencias. Una moda, que yo adivinaba con tan sólo haberla visto una vez.

Hoy me he encontrado con ella de nuevo. Han pasado tres años desde aquel domingo de paseo, pero esta vez sí era ella. Podría sonar injusto pero ha envejecido mucho, demasiado en tan corto espacio de tiempo ... y a una edad más temprana que la mía.

Iba en el metro. Me dirigía a casa de unos amigos que nos obsequiaban con una cena a cambio de soportar sus aventuras en un safari africano. Y entonces se han abierto las puertas, y aquel abrigo de cuero verde, inconfundible por sus remates en los puños y por el dibujo del cuello, ha entrado en el vagón como si nada me uniera a su dueña.

Me hubiera gustado pedirle la factura del daño que me hizo, contarle lo mucho que odio el verde, pese a que siempre fue mi color favorito. Me hubiera encantado fastidiarle las virtudes de Miguel y potenciar sus defectos, hacer el amor con Miguel delante de ella y de todos los pasajeros ...

OFF Próxima estación

Imaginaba la escena cuando adiviné que mi verdugo de años atrás estaba triste y profundamente sola. A punto estuve de indagar sobre la continuidad de su relación, fingir que todo había pasado y comportarme como una ex novia cómplice de la nueva situación. Pero ella empezó a llorar y me parecieron hasta injustos los adjetivos que un día le llamé.

Era un llanto sin lágrimas. Una congoja interior sólo perceptible para aquellos que la han vivido. Sentada, enfrente de ella, podía escuchar la pena en su garganta.

Por primera vez busqué sus ojos. Ella perdía su mirada en el cristal que se encontraba a mi espalda. El vacío sólo se conmovía con algún parpadeo nervioso, como queriendo evitar derramar la primera lágrima. Recomponía su postura y permanecía observando el infinito. A solas, hablando con su conciencia.

OFF Próxima estación

Yo no podía dejar de mirarla. Me preguntaba lo inevitable. ¿Qué habría encontrado en ella Miguel que yo no tenía?. ¿Serían felices?. ¿Valió la pena cambiar mi recorrido o sólo fue una aventura que no llegó a cuajar?. Me debatía entre la piedad que me provocaba su rostro, inundado de la más feroz de las penas, y esa dulce venganza que alivia la mente humana.

Ella sostenía su cuello como podía, apoyada en el respaldo del asiento, su cabeza se agitaba al son del vaivén del tren. Daba la impresión de que había dejado de vivir hacía unos minutos …

Recorro el resto de su imagen. Lleva el bolso cruzado y lo sostiene encima de sus piernas, que han dejado de entrelazarse para quedar abiertas. Viste vaqueros y unas botas de tacón con punta larga ( regalo de Miguel, pienso). No se ha quitado los guantes y sostiene con fuerza un sobre entre las manos.

Me levanto y disimulo mirando el mapa de las estaciones que ella tiene a la derecha. Un par de segundos después me repito “ Castillo Suárez” …. Los apellidos me suenan. De Miguel no, de ella puede, pero no, Castillo Suárez, me es familiar, piensa, piensa …Ella se levanta al escuchar que su parada es la siguiente. En un acto reflejo yo también me preparo para marchar.

OFF Atención próxima estación en curva, tengan cuidado al salir

Se abren las puertas y comienzo a seguirla en dirección a la salida, por suerte, la única en esta estación. Eso me permite guardar una distancia prudente pero con suficiente cercanía como para ver el membrete de un hospital público en el sobre que lleva. Ella mira el reloj. Está impaciente. Se nota que está nerviosa. Atormentada.

Nos acercamos a los tornos de salida y el corazón se me para al ver que Miguel está esperándola junto a la taquilla. Ella corre hacía él mientras que la cara del que fuera mi novio le insiste en que no tarde más. Se abrazan y al pasar a su lado, retengo el olor de la colonia de Miguel, mientras no paro de preguntarme qué está sucediendo en esa pareja que debiera haber sido yo.

Al subir las escaleras recuerdo que los apellidos corresponden al doctor Javier Castillo Suárez, ginecólogo y jefe de mi amiga Marta, quién en todas nuestras conversaciones se lleva las peores burlas.

Meto la mano en el bolso y saco el móvil. Busco el número de mi amiga, que se ha revelado como mi confidente en esta historia que ya no puedo abandonar. ¿Qué harían ustedes si tuvieran la oportunidad de saber qué le tenía el destino preparado al lado de ese hombre?.

Le explico a Marta lo ocurrido en estos últimos minutos, le cuento tantos detalles que ríe mientras se hace su propio retrato robot, y al final cae en la cuenta de qué paciente se trata. Marta deja de sonreír. Y yo enmudezco ante la revelación que me está llegando al otro lado del teléfono. Cuando cuelgo no puedo evitar una lágrima. No se si de culpabilidad o de solidaridad.

De la boca del metro sale el vaho del tormento que abajo se vive.

Comienzo a andar camino de la cena. Me quedan dos estaciones más, pero necesito respirar y a mi cabeza tampoco le vendrá mal el aire.

Ahora debe estar diciéndoselo a Miguel, que en estos momentos andará repartiendo consuelo entre su mujer y sus propios anhelos.

Espero que sepan superarlo, de verdad.

... Y que este deseo se cumpla, al igual que muchas veces supliqué “ojalá no le pueda dar a Miguel lo que más desea”.

Pinzamiento 3 - Viajar sola ...


Yo antes viajaba en grupo, pero todo cambió cuando cogí una insolación en Marrachech.

Después de aguantar a mis amigas regateando por una alfombra durante dos horas, de compartir carruaje con catorce personas y de esperar a que la mitad del grupo se tatuara los pies con henna, tenía tanto calor que parecía el mechero de Melendi. A partir de ese día empecé a viajar sola. Así, nadie me calienta la cabeza.

Una vez superada la idea de que si viajas sola puedes acabar secuestrada por un grupo de kurdos, descubres que todo son ventajas.

Lo primero es que nadie te marca. Tú te organizas como quieres. No como en un viaje en grupo, que eso es como entrar en “Fama y ... a bailar!”. Está todo tan medido, que en vez de visitas turísticas parecen coreografías grupales!. (Imitando al guía) ... “Formamos una fila para entrar en la cueva, avanzamos con pasos cortos y después hacemos un semicírculo para escuchar la explicación” ... Además, a los compañeros de viaje parece que los han sacado de un casting, y siempre hay una pareja nominada. (Maliciosa). Después de dos días en manada como los “Ñus” , terminas hasta las “boom boom”.

Si te vas solo, lo mejor es no avisar a nadie. Así te ahorras el numerito del adiós en el aeropuerto. Sí, esa escena en la que tu padre te da más consejos que la primera vez que te dejó el coche. Tus amigos tienen una cara que más que irte a París parece que te vas a hacer un transplante. Y tu madre llora como si acabara de descubrir que tu mejor amiga es Nuria Bermúdez.

Las despedidas deberían estar prohibidas en los aeropuertos. Uno se va con un nudo en la garganta, que a ver cómo va a recordar París ... ¡Pues con un dolor de ganglios que pa qué!.

Cuando viajo sola en avión se produce una curiosa reacción que yo llamo El efecto Amedio. Mientras los pasajeros me miran como a un mono, yo me “cuelgo” de la azafata porque no para de darme cacahuetes durante el vuelo. ¡Todo un lujo!, porque con tanto recorte en las compañías, al final nos vamos a tener que llevar la silla de casa para despegar.

Aunque viajes sola, la mayoría de las veces te dan una habitación doble con la cama de Romay. La última en la que estado tenía un chaflán que lo ve Paco “El Pocero” y se hace Seseña 2. Yo creo que las habitaciones individuales son como la hija de Tom Cruise y Katie Holmes, sabemos que existe pero no nos la enseñan.

Si te alojas sola en un hotel, automáticamente te conviertes en el huésped más mimado. Te dejan tantos jabones, champú y papel higiénico, que tu baño parece el almacén de una droguería. Y en el desayuno te sirven café café. No como cuando vas en grupo, que te ponen ese aguachirri que parece el aclarado de un pelo recién teñido. Además, esconden chocolatinas debajo de tu almohada. ¿Pero quién se creen?... ¿El Ratoncito Pérez?!

Cuando vas solo, algunos te cogen tanto cariño que hasta parece que quieran adoptarte. En Londres conocí a un matrimonio que se empeñaba en darme la propina. Un día descubrí que llevaban mi foto en su cartera. Y cuando fueron a despedir al aeropuerto, mientras él me daba más consejos que mi padre, ella lloraba como si acabara de descubrir que mi novio es Rodríguez Menéndez...

No sé si esto sólo me ocurre a mí. Pero por si acaso, no me paso por el Museo Thyssen. No sea que Tita quiera ampliar la familia otra vez ... Hablando de la baronesa me he acordado de que viajando solo te evitas dar muchas explicaciones. ¿Nunca os habéis sorprendido contándole un secreto a alguien que acabáis de conocer en un viaje organizado?. Yo una vez le confesé a una niña de mi grupo la combinación del candado de la maleta, y no pegué ojo hasta que comprobé que no me faltaba ni un tanga. Que hay mucha “mangante” con cara de no haber roto un plato ... ¡mira Winona Ryder, como te descuides te roba hasta los días fértiles!.

Cuando viajas sola, lo que resulta muy fácil es ligar. Da igual dónde. En el confesionario de la catedral, en urgencias o en el cementerio municipal. Es como si al pasar la aduana te convirtieras en Paris Hilton. Los hombres creen que no tienes amigas, que estás forrada de dinero y se matan por salir en tus videos.

Y si no ligas, siempre podrás echarte una mano al solitario. No me miren así. Tengo un amigo que, tras un safari de 27 días con los colegas, se le pusieron los “pendengues” del tamaño de Falete. Y dando gracias, que por poco le pegan un perdigonazo al confundirle con el monstruo de las dos cabezas. Cuando aquello se desinfló había piel suficiente para tapizar todos los sofás de Merkamueble.

Y luego están los recuerdos. No es por vacilar pero yo traigo unos regalos muy originales. El truco es ir de compras como al baño: con tiempo, sin presiones y dispuesto a abrir el monedero. Pero viajando en grupo, entre el guía, que es pesado como una fabada. Y que siempre hay una que vomita. Se te pone un cuerpo que sólo sueltas la calderilla suficiente para pagar un imán.

Pero ¿qué pretendemos trayendo imanes de todo el mundo a nuestra madre?... ¿que sujete las recetas de cocina palabra por palabra?. ¿qué con tanto hierro nunca coja anemia? ... O es que ¿queremos forrar la nevera materna por si hay un atentado nuclear y no quedarnos sin el tupper semanal?. Al “frigo” esto le importa tres bandejas. Pero tu madre, de tanto agacharse a recoger los imanes cuando se despegan, ha desarrollado una chepa que parece Pozí.

Os animo a viajar sin compañía. Es como protagonizar tu propia película. Tienes miedo porque crees que estarás “Sólo ante el peligro”. Pero en realidad esto es como la profesión de Julia Roberts en “Pretty Woman” ... tu decides cuándo, cómo y dónde. Y lo mejor de todo, es que como dice mi amigo en su versión libre de “Memorias de África” ... nadie te hinchará las pelotas.

martes, 1 de diciembre de 2009

Postal 1 - ¡Si parece una ratita!

Madrid 18 de junio de 1974

Queridos lectores dospuntos

Antes las ecografías no se guardaban en un pendrive, y las fotos intrauterinas 3D sonaban a cosa de lagartos, como “V”, así que esta es la primera foto de mi vida. Tenía 11 días y como observarán no podía evitar la cara de flipada. Con las pupilas dilatadas chequeándolo todo, protegiéndome con las manos y esbozando esa cara de no.me.toques.leche.

Nací con mucho pelo, como pueden observar, por eso y por lo pequeña, mi madre lo primero que exclamó a verme fue: ¡Si parece una ratita!. Como prólogo de vida no está mal … pero a ver si en el epitafio evitamos los insultos.

Como ahora, todo me quedaba grande. En los patucos además de mis nanopies había hueco para los millones de parados de España, mis muslos tenían más pliegues que “La Piedad” de Migue Ángel, y mi cabeza estaba tan hinchada que podría haberle reclamado la paternidad a Pepe Navarro.

Agradezco que la foto sea en blanco y negro porque si la bata de guatiné con puntilla que llevo era rosa (me ahorro el comentario por respeto a la moda vintage) … me doy de latigazos hasta que me quede del tamaño de 11 días.

El “lunar” moro de la frente es un recuerdo del parto. A mí también me trajeron “a la fórceps” a este mundo … ¿o acaso no se nota? … Mentiría si dijera que sabía lo que estaba pensando, pero sospecho, por el gesto de la nariz, que ya me parecía que vivir iba a ser algo agotador.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Pinzamiento 2 - INSHALÁ ...



Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones.
Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.

OJALÁ ...

Que los niños enseñaran en el colegio

Y los adultos nos aprendiéramos la lección

Que reinaran los abandonados en orfanatos

Y nos diera un golpe de estado la ilusión.

Que no tuviéramos los días contados

Y que pudiéramos pasear nuestros muertos al sol

Que el del ático quisiera plantar un árbol

Y el del bajo subir en ascensor.

Que el miedo fuera una exclusiva del éxito

Y no existiera la expresión morir de dolor

Que a la pena se le cayera la costra

Y la moral se pillara un buen colocón.

Que el dinero viviera en chabola

Que la luna saliera de cañas con el sol

Que la felicidad no se vendiera en rebajas

Y la carrera la ganara siempre el caracol.

Que el engaño cotizara a la baja

Y a la alta sólo el error

Que los humanos volaran

Y no doliera el amor.

Que en la Iglesia mandaran los pecados

Que la maldad no tuviera amigos

Que las musas te visiten

Que la vida sea justa contigo.

Que nuestro funeral sea la fiesta del año

Que los ineptos pasen desapercibidos

Que nadie juzgue al extraño

Y que ninguno se marche sin haber sentido.

Que te hayas reconciliado contigo

Sin tener claro quien ha vencido

que nadie nos interrumpa

cuando hablamos con el olvido.

Que las guerras sean de almohadas

Que las balas disparen risas

Que el descaro gane a la diplomacia

Y que nos desherede la prisa.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Cuento 1 - LAS PREPOSICIONES

Juan y Laura llevan ocho años juntos. El es redactor de un periódico y ella maquilladora. En el fondo, Juan es un escritor frustrado y Laura esconde bajo su paleta de colores, lo que pudo ser y nunca se atrevió a ser. Son dos anhelos perdidos en la selvática vida. Dos pros para un mismo contra.

Desde hace un año conviven juntos, pero desde hace varios se alejan a cada segundo que pasa. La decisión quizás pretendía otros mundos, pero al final, volvieron al punto de partida. Por ejemplo, cuando comparten una misma habitación se puede divisar la frontera imaginaria que hay entre los dos. Países que ya no despiertan la curiosidad del otro. Un gobierno corrompido ante la agonía. Pero eso sólo lo vemos los turistas. Los dos habitantes de la villa nada más observan su soledad en el horizonte. Y la costumbre, pesada como una losa. Y la pereza de volver a empezar tras la catarsis.

Hace muchos días que dejaron de respetarse. Hace semanas que sacan lo peor de cada uno. Hace meses que viven para la provocación, por la sospecha y según la suspicacia. Hace tan sólo un instante, Juan ha cambiado de canal para no escuchar a Laura. Y o ella es muy lista o se hace la tonta.

… A, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, durante, en, entre, mediante, para, por, según, sin, sobre, tras

Laura acaba de llegar de viaje. Juan está en el sofá bebiendo un whisky. Sólo. Con hielo. Ella deja sus maletas durante siete segundos. El tiempo suficiente para darle un beso y continuar arrastrando el equipaje vía a la habitación.

Juan cierra los ojos. Sabe que esta es la tregua momentánea mientras deshace los bultos. Después todo volverá a su ser. Ella comenzará a hablar y él deseará que se vuelva a ir de viaje.

Y antes de que lo piense, Laura comienza a parlamentar. Sin sentido, volcando una verborrea que Juan ya no quiere aguantar. Que no soporta, y que no sabe cómo encarar.

Así se suceden los días. Uno por otro, la casa sin barrer.

Apenas han pasado la treintena y parece que tienen recuerdos de la guerra civil. Sus discusiones ya no persiguen un claro fin, porque el fin es la meta y siempre se quedan rozando la cinta, sin romperla. Como pensando No sea que gane y la líe ...

Esta noche parece una de tantas en los últimos meses. Pero esta noche todo avanza irremediablemente hacia su destino.

Pocos minutos después, mediante un inocente comentario, él descubrirá que su mujer le es infiel, que sólo le interesa cumplir la cláusula número 7 del contrato prematrimonial y hasta cabe pensar que la muy so ... quiera quedarse con todo. Pero para eso tendrá que pasar sobre su cadáver.

Ya saben, un mundo de preposiciones que cierra un ciclo. Yo que soy un interrogante perpetuo, hasta aquí puedo contar porque la única ley ortográfica que recuerdo es ... que al final de un renglón las dos vocales fuertes deben quedar siempre juntas.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Pinzamiento - LO MALO DE UNA MUJER CON EL CORAZÓN ROTO ES QUE EMPIEZA A REPARTIR LOS PEDAZOS ...


Me llamo Verónica.

Soy la mitad de otra. Esta segunda a su vez, es otra mitad de otra. Y así hasta 100 mujeres atrapadas en el mismo cuerpo. Cada cacho unido a los colindantes, encajados como piezas de puzzle, como estados satélites. Sin geometrías perfectas, desiguales, engarzados por azar. Como una manta de patchwok, tejida con retales de lo que queda y de lo que viene. De lo que una encuentra en contenedores ajenos y en la propia basura. De lo que se dejaron en casa y de lo que perdí en la calle.

No crean que es fácil vivir todas juntas. Debemos permanecer muy unidas para no resquebrajar las fibras que nos unen. Algunas no se soportan entre sí, y aunque procuren no coincidir en sus caminos, a veces es inevitable compartir terminación nerviosa en un perdido centímetro de la piel.

Hay que hilar fino entre una punzada y otra para no pinchar susceptibilidades. Para intuir quién de ellas es la problemática, quién la líder, y quién la débil.

Ponernos de acuerdo es algo milagroso. Si por ejemplo, nos preguntasen por la canción que nos define, habría un debate equiparable a las reuniones de alto estado.

La insurrección se alzaría

Los corazones se tenderían al sol

Peor para el sol, pensaría María

Ojalá me llevara la muerte, diría yo

A quién le importa cantaría un grupo

No me importa nada diría la razón

Déjale hacer contestaría otro

Y las lágrimas negras serían de ron

Por este concierto de mujeres soy amante de los contrastes, devota de los detalles, creyente en la diferencia.

Por esta conjunción de locuras mi mente es ágil, mis manifestaciones extremas y mis placeres compartidos.

Por este exceso de equipaje odio la indiferencia, la mentira evidente y no tener el alma viajera.

Por cada una, yo soy mil, y por cada cien, enésima ...

Con el tiempo, aprendes a hacer números y a diferenciarlas. Con más tiempo a quererlas (desde la serena hasta la descarada). Con muuucho tiempo empiezas a intuir lo que cada una anhela.

No hagan el intento. Si comprender a una mujer es casi imposible, a cien es un suicidio anunciado.

... Hace días me pregunto si ... ¿dos mitades hacen un entero?.

Porque de ser así, tendría que plantearme una reducción de plantilla y elegir a 50 para representar a la centena que somos.

Sería una crueldad ... como una guerra civil entre hermanos ... como quitarle la comida al pequeño por la ley del primogénito... como la distribución de los invitados a una boda...

Pero la idea de cincuenta gramos de unas, y misma ración de otros, tiene una clara ventaja. Sería más fácil encontrar a 50 que encajaran con nosotras, que al doble exacto. Aunque ... quedaríamos la mitad, y ya no estaríamos completas ...

Otra posibilidad sería aceptar la superioridad numérica, y asumir que siempre seremos mayoría absoluta, pero es desolador resignarse a jugar con un contrario que tiene la mitad del equipo de baja. Nosotras tenemos la moral alta y queremos un rival a la altura (esto último me lo ha dicho la revolucionaria).

Claro que puestos a buscar la igualdad, y llevando a un extremo esta teoría de dígitos, podría plantearme ...

... ¿Y si encontrara otro como yo?. Con cien cañones por banda como Espronceda. Con ciento volando. Con cien tornillos para dar vueltas sobre mis tuercas. Sin complejos de inferioridad, sin miedo a dar la talla, sin sentido que aportarnos.

Tal vez, nos perderíamos en la evidencia colectiva frente a los detalles individuales, clasificaríamos nuestra relación por orden alfabético, y confundiríamos las identidades de los que participan en esa orgía de personalidades.

Volvamos a los extremos.

... ¿Y si encontrara a un entero? ... ¿qué haría una centena como yo con un chico tan solitario como él?. Posiblemente me aburriría con su exclusividad, me sorprendería la rutina disfrazada de pareja, y desearía quedarme a solas ... con mis 100.

Así que paso los días faenando por 99 sueldos menos, durmiendo 8 horas para el centenar de okupas que tengo en la cabeza, alimentando a la mitad que creo ser ...

... y desnutriendo a esas insensatas que un día me votaron como portavoz ...

Soy Rebeca. Verónica ha tenido que irse.