

Es una enorme desgracia no tener talento para hablar bien, ni la sabiduría necesaria para cerrar la boca - Jean de la Bruyere


La normativa permite a este colectivo donar sangre, aunque exige que no hayan mantenido relaciones en un año.
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2009/12/01/medicina/1259686137.html
Tras leer este titular me han surgido un montón de castas dudas sobre cómo se comprueba que alguien no ha mantenido relaciones sexuales en los últimos 365 días, y eso rezando para que el año no sea bisiesto. No me quiero imaginar con qué aparato, maquinita o instrumento quirúrgico se comprueba la desazón vaginal en el caso de las mujeres, o el aguante testicular en el caso de los hombres.
No se puede ser más absurdo a la hora de buscar una justificación para prohibir hacer algo. Puestos a decir soplaflauteces podrían haber hecho el corte en aquellos que no se la ven desde hace más de un año, o los que no se la menean desde el mismo tiempo, o los que llevan un año notando cierta flacidez en el miembro o … o porque me da la gana y punto, que no nos vamos a escandalizar ahora cuando sabemos que hay una organización que lo lleva haciendo por los siglos de los siglos.

En mi propio artículo 14 escalera izquierda incluiría los siguientes vetos.
Quedan terminantemente prohibidos:
1) Los ruidos al comer durante todo el día.
2) Mentir a menos que sea necesario para dar una sorpresa.
3) Calentar si no se piensa hacer fuego.
4) No respetar los atardeceres conjuntos.
5) Las manzanas que pudren a toda la cesta.
6) Hacer un mal uso de la familia.
7) Infringir las normas de seguridad mental.
8) El rosa en todas sus gamas, excepto el fucsia.
9) Sobrepasar el límite de velocidad neuronal.
10) Descuidar las “zonas comunes”.
Admito manías y fobias comunes para que esta lista crezca. ¿Tu qué prohibirías?. Hagamos un inventario absurdo pero completamente visceral.
La frase me recuerda a otra popular: Para hacerse el tonto hay que ser listo. Insisto que parece que el conocimiento está detrás de los tarados. Supuestos, presuntos, hipotéticos tarados en un mundo que se ha vuelto completamente loco.
Son tantas las miserias de las que avergonzarnos que no me extraña que muchos se pongan una camisa de fuerza para no ver lo que ocurre ahí fuera. Unos se tranquilizan con prozac, otros con drogas legales o ilegales y otros se medican tanto que vegetan impasibles ante lo que les rodea.
Cada uno en su medida encuentra un punto de locura en su existencia, pero otros hacen de su vida un mundo aparte donde comprenderse no es fácil, pero donde uno puede estar en paz consigo mismo. A solas con su locura.
Dalí y Van Gogh, Mozart, Hemingway y Hesse eran genios como otros desconocidos tachados de desequilibrados. Claro que en esta sociedad se permiten los locos reconocidos, pero los anónimos no. Y yo anónimamente me declaro insana de pensamiento. Loca de emoción. De remate de cabeza … Y ¡¡GOL!!.
El 31 de diciembre siempre encuentro un momento para repasar aquellas historias únicas del año. Es como si conscientemente recorriera el famoso túnel de la muerte pero sólo apto para recuerdos contemporáneos. Un pensamiento efímero que pasará tan rápido como las campanadas con sus 12 uvas. Una especie de calendario personal al que sólo le quedan las mejores fechas.
· ENERO: Vivir otra vez la sensación del primer beso.
Comienza la aventura.
ABRIL: Parar un ventilador con la cabeza sin darme ni cuenta. No prometo que sea la última vez, ya sabéis que mi cabeza tiende a atraer objetos.
MAYO: Y la tierra tembló. Frase para la posteridad: Tenemos que abrir la ventana para que pase el terremoto. Si no llega a ser por el Captain las tres bellas damiselas aún estamos zozobrando en el suelo. Eso sí, sin soltar la copa que eso es lo último que se pierde.
Salir huyendo de un afterhour en Roatán sacando la cabeza por la ventanilla de un taxi mientras no paraba de repetir Respira y disfruta. La noche más cara de Marta y una inolvidable con Ele.
· JUNIO: Las estrellas a mis pies. Siete, seis negras y la blanca de la familia … Regalo de Ariel y pedazo de cumpleaños. Yo sobreviví a la fiesta de la gafas. Mil gracias a los presentes y a los “organizadores”.
JULIO Las bicimotos con Helen. Una manera inolvidable de conocer Formentera.
AGOSTO Vuelta al hogar. El reencuentro con la familia y los amigos. Comienza el nuevo curso.
SEPTIEMBRE Haciendo allanamiento de la sensibilidad de las personas humanas. Reencuentro con Carmina y nuevos amigos.
OCTUBRE ¡Qué noche la de aquel Garamond! o de cómo tener respeto a tus compañeros de trabajo. La primera vez que servidora se duerme y su jefa tiene que despertarla para ir a trabajar.
NOVIEMBRE Casa rural con los compañeros. Enorme Ali, y GRANDES todos los que estuvisteis allí.
DICIEMBRE Concierto de Los Secretos. Un repaso a los primeros años de la adolescencia en formato musical.
Vetada en un bar del barrio por liarla parda la noche de Navidad.
Sí, de acuerdo que este 2009 no lo termino con el expediente limpio pero que me quiten lo bailaó.
Feliz 2010 y ojala lo llenemos de experiencias únicas.

Así tendríamos el día del daltónico, del que tiene alguna muela picada, y del que se le enquistó un grano en el culo. También podríamos celebrar el día de los que se rompieron la tibia y el peroné a la vez, el de los que tienen el ombligo hacía fuera, y hasta el de los suicidas fallidos. Festejaríamos la jornada de los que vencieron estoicamente un cólico nefrítico, de los Lázaros que tiraron las muletas antes de tiempo y hasta de los van religiosamente a urgencias una vez al mes. Y de ahí pasaríamos al día de los que tienen algún tatuaje decolorado, a los que se les infectó un piercing y hasta del “yo también tuve un orzuelo del tamaño de un garbanzo”.
Los que se cortaron más de una vez en el mismo afeitado, las que se quemaron con la cera las ingles y hasta de “las resaca ahora me dura tres días”.
La jornada en honor al corte profundo, la de la sonda gástrica y la del paticorto. El día del diagnóstico favorable, de la amigdalitis y de la tensión baja.
Tendríamos la fiesta de la apendicitis aguda que no llega a peritonitis, la del pinzamiento de la quinta vértebra y la del juanete doloroso que roza con el calzado.
Celebraríamos el día de los que se les rompió el preservativo, el de “mi novio me pegó la mononucleosis” y el de “yo también me estoy hormonando”.
Y al final esto sería como en el Facebook, que para celebrarlo sólo habría que hacerse fan.
Rbk y otras 5 personas se han unido al grupo “Quiero que haya un día del raro, pero del raro de cojones”, “Yo también pasé el sarampión con mis primos” y ”Me he dado más golpes en la cabeza que un musulmán” .
Después de aguantar a mis amigas regateando por una alfombra durante dos horas, de compartir carruaje con catorce personas y de esperar a que la mitad del grupo se tatuara los pies con henna, tenía tanto calor que parecía el mechero de Melendi. A partir de ese día empecé a viajar sola. Así, nadie me calienta la cabeza.
Una vez superada la idea de que si viajas sola puedes acabar secuestrada por un grupo de kurdos, descubres que todo son ventajas.
Lo primero es que nadie te marca. Tú te organizas como quieres. No como en un viaje en grupo, que eso es como entrar en “Fama y ... a bailar!”. Está todo tan medido, que en vez de visitas turísticas parecen coreografías grupales!. (Imitando al guía) ... “Formamos una fila para entrar en la cueva, avanzamos con pasos cortos y después hacemos un semicírculo para escuchar la explicación” ... Además, a los compañeros de viaje parece que los han sacado de un casting, y siempre hay una pareja nominada. (Maliciosa). Después de dos días en manada como los “Ñus” , terminas hasta las “boom boom”.
Si te vas solo, lo mejor es no avisar a nadie. Así te ahorras el numerito del adiós en el aeropuerto. Sí, esa escena en la que tu padre te da más consejos que la primera vez que te dejó el coche. Tus amigos tienen una cara que más que irte a París parece que te vas a hacer un transplante. Y tu madre llora como si acabara de descubrir que tu mejor amiga es Nuria Bermúdez.
Las despedidas deberían estar prohibidas en los aeropuertos. Uno se va con un nudo en la garganta, que a ver cómo va a recordar París ... ¡Pues con un dolor de ganglios que pa qué!.
Cuando viajo sola en avión se produce una curiosa reacción que yo llamo El efecto Amedio. Mientras los pasajeros me miran como a un mono, yo me “cuelgo” de la azafata porque no para de darme cacahuetes durante el vuelo. ¡Todo un lujo!, porque con tanto recorte en las compañías, al final nos vamos a tener que llevar la silla de casa para despegar.
Aunque viajes sola, la mayoría de las veces te dan una habitación doble con la cama de Romay. La última en la que estado tenía un chaflán que lo ve Paco “El Pocero” y se hace Seseña 2. Yo creo que las habitaciones individuales son como la hija de Tom Cruise y Katie Holmes, sabemos que existe pero no nos la enseñan.
Si te alojas sola en un hotel, automáticamente te conviertes en el huésped más mimado. Te dejan tantos jabones, champú y papel higiénico, que tu baño parece el almacén de una droguería. Y en el desayuno te sirven café café. No como cuando vas en grupo, que te ponen ese aguachirri que parece el aclarado de un pelo recién teñido. Además, esconden chocolatinas debajo de tu almohada. ¿Pero quién se creen?... ¿El Ratoncito Pérez?!
Cuando vas solo, algunos te cogen tanto cariño que hasta parece que quieran adoptarte. En Londres conocí a un matrimonio que se empeñaba en darme la propina. Un día descubrí que llevaban mi foto en su cartera. Y cuando fueron a despedir al aeropuerto, mientras él me daba más consejos que mi padre, ella lloraba como si acabara de descubrir que mi novio es Rodríguez Menéndez...
No sé si esto sólo me ocurre a mí. Pero por si acaso, no me paso por el Museo Thyssen. No sea que Tita quiera ampliar la familia otra vez ... Hablando de la baronesa me he acordado de que viajando solo te evitas dar muchas explicaciones. ¿Nunca os habéis sorprendido contándole un secreto a alguien que acabáis de conocer en un viaje organizado?. Yo una vez le confesé a una niña de mi grupo la combinación del candado de la maleta, y no pegué ojo hasta que comprobé que no me faltaba ni un tanga. Que hay mucha “mangante” con cara de no haber roto un plato ... ¡mira Winona Ryder, como te descuides te roba hasta los días fértiles!.
Cuando viajas sola, lo que resulta muy fácil es ligar. Da igual dónde. En el confesionario de la catedral, en urgencias o en el cementerio municipal. Es como si al pasar la aduana te convirtieras en Paris Hilton. Los hombres creen que no tienes amigas, que estás forrada de dinero y se matan por salir en tus videos.
Y si no ligas, siempre podrás echarte una mano al solitario. No me miren así. Tengo un amigo que, tras un safari de 27 días con los colegas, se le pusieron los “pendengues” del tamaño de Falete. Y dando gracias, que por poco le pegan un perdigonazo al confundirle con el monstruo de las dos cabezas. Cuando aquello se desinfló había piel suficiente para tapizar todos los sofás de Merkamueble.
Y luego están los recuerdos. No es por vacilar pero yo traigo unos regalos muy originales. El truco es ir de compras como al baño: con tiempo, sin presiones y dispuesto a abrir el monedero. Pero viajando en grupo, entre el guía, que es pesado como una fabada. Y que siempre hay una que vomita. Se te pone un cuerpo que sólo sueltas la calderilla suficiente para pagar un imán.
Pero ¿qué pretendemos trayendo imanes de todo el mundo a nuestra madre?... ¿que sujete las recetas de cocina palabra por palabra?. ¿qué con tanto hierro nunca coja anemia? ... O es que ¿queremos forrar la nevera materna por si hay un atentado nuclear y no quedarnos sin el tupper semanal?. Al “frigo” esto le importa tres bandejas. Pero tu madre, de tanto agacharse a recoger los imanes cuando se despegan, ha desarrollado una chepa que parece Pozí.
Os animo a viajar sin compañía. Es como protagonizar tu propia película. Tienes miedo porque crees que estarás “Sólo ante el peligro”. Pero en realidad esto es como la profesión de Julia Roberts en “Pretty Woman” ... tu decides cuándo, cómo y dónde. Y lo mejor de todo, es que como dice mi amigo en su versión libre de “Memorias de África” ... nadie te hinchará las pelotas.
Que los niños enseñaran en el colegio
Y los adultos nos aprendiéramos la lección
Que reinaran los abandonados en orfanatos
Y nos diera un golpe de estado la ilusión.
Que no tuviéramos los días contados
Y que pudiéramos pasear nuestros muertos al sol
Que el del ático quisiera plantar un árbol
Y el del bajo subir en ascensor.
Que el miedo fuera una exclusiva del éxito
Y no existiera la expresión morir de dolor
Que a la pena se le cayera la costra
Y la moral se pillara un buen colocón.
Que el dinero viviera en chabola
Que la luna saliera de cañas con el sol
Que la felicidad no se vendiera en rebajas
Y la carrera la ganara siempre el caracol.
Que el engaño cotizara a la baja
Y a la alta sólo el error
Que los humanos volaran
Y no doliera el amor.
Que en la Iglesia mandaran los pecados
Que la maldad no tuviera amigos
Que las musas te visiten
Que la vida sea justa contigo.
Que nuestro funeral sea la fiesta del año
Que los ineptos pasen desapercibidos
Que nadie juzgue al extraño
Y que ninguno se marche sin haber sentido.
Que te hayas reconciliado contigo
Sin tener claro quien ha vencido
que nadie nos interrumpa
cuando hablamos con el olvido.
Que las guerras sean de almohadas
Que las balas disparen risas
Que el descaro gane a la diplomacia
Y que nos desherede la prisa.

Me llamo Verónica.
Soy la mitad de otra. Esta segunda a su vez, es otra mitad de otra. Y así hasta 100 mujeres atrapadas en el mismo cuerpo. Cada cacho unido a los colindantes, encajados como piezas de puzzle, como estados satélites. Sin geometrías perfectas, desiguales, engarzados por azar. Como una manta de patchwok, tejida con retales de lo que queda y de lo que viene. De lo que una encuentra en contenedores ajenos y en la propia basura. De lo que se dejaron en casa y de lo que perdí en la calle.
No crean que es fácil vivir todas juntas. Debemos permanecer muy unidas para no resquebrajar las fibras que nos unen. Algunas no se soportan entre sí, y aunque procuren no coincidir en sus caminos, a veces es inevitable compartir terminación nerviosa en un perdido centímetro de la piel.
Hay que hilar fino entre una punzada y otra para no pinchar susceptibilidades. Para intuir quién de ellas es la problemática, quién la líder, y quién la débil.
Ponernos de acuerdo es algo milagroso. Si por ejemplo, nos preguntasen por la canción que nos define, habría un debate equiparable a las reuniones de alto estado.
La insurrección se alzaría
Los corazones se tenderían al sol
Peor para el sol, pensaría María
Ojalá me llevara la muerte, diría yo
A quién le importa cantaría un grupo
No me importa nada diría la razón
Déjale hacer contestaría otro
Y las lágrimas negras serían de ron
Por este concierto de mujeres soy amante de los contrastes, devota de los detalles, creyente en la diferencia.
Por esta conjunción de locuras mi mente es ágil, mis manifestaciones extremas y mis placeres compartidos.
Por este exceso de equipaje odio la indiferencia, la mentira evidente y no tener el alma viajera.
Por cada una, yo soy mil, y por cada cien, enésima ...
Con el tiempo, aprendes a hacer números y a diferenciarlas. Con más tiempo a quererlas (desde la serena hasta la descarada). Con muuucho tiempo empiezas a intuir lo que cada una anhela.
No hagan el intento. Si comprender a una mujer es casi imposible, a cien es un suicidio anunciado.
... Hace días me pregunto si ... ¿dos mitades hacen un entero?.
Porque de ser así, tendría que plantearme una reducción de plantilla y elegir a 50 para representar a la centena que somos.
Sería una crueldad ... como una guerra civil entre hermanos ... como quitarle la comida al pequeño por la ley del primogénito... como la distribución de los invitados a una boda...
Pero la idea de cincuenta gramos de unas, y misma ración de otros, tiene una clara ventaja. Sería más fácil encontrar a 50 que encajaran con nosotras, que al doble exacto. Aunque ... quedaríamos la mitad, y ya no estaríamos completas ...
Otra posibilidad sería aceptar la superioridad numérica, y asumir que siempre seremos mayoría absoluta, pero es desolador resignarse a jugar con un contrario que tiene la mitad del equipo de baja. Nosotras tenemos la moral alta y queremos un rival a la altura (esto último me lo ha dicho la revolucionaria).
Claro que puestos a buscar la igualdad, y llevando a un extremo esta teoría de dígitos, podría plantearme ...
... ¿Y si encontrara otro como yo?. Con cien cañones por banda como Espronceda. Con ciento volando. Con cien tornillos para dar vueltas sobre mis tuercas. Sin complejos de inferioridad, sin miedo a dar la talla, sin sentido que aportarnos.
Tal vez, nos perderíamos en la evidencia colectiva frente a los detalles individuales, clasificaríamos nuestra relación por orden alfabético, y confundiríamos las identidades de los que participan en esa orgía de personalidades.
Volvamos a los extremos.
... ¿Y si encontrara a un entero? ... ¿qué haría una centena como yo con un chico tan solitario como él?. Posiblemente me aburriría con su exclusividad, me sorprendería la rutina disfrazada de pareja, y desearía quedarme a solas ... con mis 100.
Así que paso los días faenando por 99 sueldos menos, durmiendo 8 horas para el centenar de okupas que tengo en la cabeza, alimentando a la mitad que creo ser ...
... y desnutriendo a esas insensatas que un día me votaron como portavoz ...
Soy Rebeca. Verónica ha tenido que irse.